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jueves, 1 de septiembre de 2011

Enamorhada. [Cap. 4]


Hollie volvió a casa rebosante de energía. Cogió una manzana, y se acomodó en el sofá dispuesta a saborear. La manzana, sí, pero también sus fotos recién echadas. Podía pasar un día entero haciendo fotos, y observar qué cambios producían las variaciones de luz en la imagen. Cada foto le parecía un mundo distindo, una historia diferente, esperando ser capturada, y luego contada. Le gustaba fotografiar el Sol, aunque en las instrucciones de la cámara ponía enmarcado en rojo: "Evite apuntar la cámara a fuentes de luz extremadamente brillantes, podría dañar el sensor de imagen de esta misma." Había leído las instrucciones varias veces, pero seguía sin entender algunas funciones, por lo que procuraba descubrir cosas nuevas ella sola.
Miró las fotos cuatro veces. En las dos horas que estuvo fuera hizo un total de 127 fotos. Lo que significa que en el tiempo en el que se come una manzana, había visto... no, definitivamente odiaba las matemáticas con toda su alma. Ni las fotos conseguían hacerlas un poco más interesantes. Sacó la tarjeta SD y la introdujo en su ordenador portátil. Mientras esperaba a que terminasen de pasarse las fotos, su madre llegó a casa cargada de bolsas de plástico del supermercado. ¿Cuántas veces le habría repetido Hollie que cogiera el cesto de la compra que se estaba pudriendo en el garaje, a la vez que el planeta se intoxicaba de bolsas de plástico?
-Cariño, deja los huevos, los yogures y la leche en la nevera, por favor, y cuidado, ¡Sin romper los huevos como la otra vez!
-Dejaré de romperlos cuando tú dejes de alimentar a los delfines y a las tortugas de bolsas de plástico, mamá, ¿Crees que no me doy cuenta?
-Lo siento cariño, de verdad, me he acordado de la cesta cuando ya estaba en el súper y no iba a volver... Lo siento... -Hacía gracia, cuando la Sra. Finz pedía disculpas, parecía que Hollie fuese la madre, no al revés.
-No es a mí a quién debes pedir disculpas mamá, los delfines... ¿Recuerdas?-Ahora parecía incluso una profesora regañando a su alumna por una travesura, pero la Sra. Finz sabía cómo arreglar el tema:
-Oye, ¿Sabes a quién me he encontrado en el supermercado? A éste chico de tu clase, ¿Cómo se llamaba? ¿Ali?
-Ale.-Hollie notó que se ruborizaba un poco. Odiaba esta sensación, pero más si estaba su madre delante.
-Eso, Ale. Estaba con su madre, la Sra. Rommer, ¿Verdad? ¡Siempre me olvido de los nombres y apellidos de la gente!
-Lo sé mamá, lo sé mejor que nadie.
-Pues, ¿Sabes qué me ha dicho la Sra. Rome?
-¡Rommer! ¿Lo haces aposta, mamá?
-No, no, perdona, lo siento, bueno, el caso es que durante el mes de julio, una chica abre un taller de fotografía, quiere enseñar a chicos y chicas de entre 14 y 17 años. Ella tiene... bueno, ya no me acuerdo cuántos años tiene, pero es joven. ¿Te gustaría ir?
-Bueno, no sé, la verdad... Estoy acostumbrada a hacer fotos sola, y, ya sabes, no me hago mucho con los de mi edad, mamá. Me lo pensaré, ¿vale?
-Ah, quizá me he olvidado de decirte algo, Ale dijo que seguramente iría.
-¿Ale? ¿En serio?-Otra vez notó como se ponía roja... ¡Muy roja!
-Sí, sí, él se había apuntado a un campamento de fútbol o algo así con sus amigos, pero al final les llamaron y dijeron que uno de ellos no podría ir, porqué no sé qué pariente de no sé qué futbolista famoso se apuntó también, y le quitó la plaza. Y la Sra. Rommer, cogió y desapuntó a su hijo, ¡sin preguntárselo! ¿Te imaginas?
-Ya veo...-Hollie no sabía qué pensar. Si habían desapuntado a Ale de ese campamento, significaba que no estaría muy contento. Quizá no tenía ganas de ir a ese taller de fotografía. A lo mejor lo obligaba su madre. Entonces, sería aún peor.-Oye mamá, ¿y Ale parecía contento de ir a ese taller?
-Bueno, no del todo. A decir verdad, cuando su madre me contaba eso de que lo había desapuntado del campamento, parecía enfadado.
-Ya, me lo imaginaba... ¿Dónde has encontrado estos yogures? ¡Hacía años que no los comprábamos porque no los vendían!
-¡Ah sí, es verdad, los yogures! Pues han aparecido, será que los venden otra vez. Bueno, irás o no irás a ese taller?
Hollie no sabía qué hacer, pero, en realidad, yendo, tampoco perdía nada. Podía intentarlo, ¿verdad?
-Sí, mamá, iré.-Repuso, con una sonrisa en la cara. Y, la verdad, no se equivocó de respuesta.

Capítulo primero.
Capítulo siguente.

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