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sábado, 3 de septiembre de 2011

Enamorhada. [Cap. 5]


Mañana. Ésa era la palabra que daba vueltas en la cabeza de Hollie. Bueno, y evidentemente, la otra palabra que se removía en su cabeza, y también en su estómago, era "Ale". Tenía unas ganas locas de verle sin sus amigos cerca, en el taller de fotografía. Pero también estaba muy nerviosa. No sabía qué podía decirle. Simplemente "hola", era demasiado normal. Exclamar un "¡Cuánto tiempo!" tampoco era la mejor opción, pues ellos no eran amigos "de toda la vida" ni nada por el estilo. Se decidió por no decirle nada. Incluso pensó en disimular, en hacer que no le veía. Demasiado borde, quizá, pero como dijo un sabio, "Si tus palabras no mejoran el silencio, mejor cállate." No se le ocurrió nada más, así que prefirió aparcar el asunto y proceder a la elección del vestido. No solía ser meticulosa con la ropa, pero, ¿Qué chica no se transforma en una aspirante a princesa el día anterior a su cita, o, simplemente, antes de ver a su príncipe azul? Así que empezó a remover su armario: "Esto no, esto tampoco, esto podría ser... pero no me convence del todo..., ¡Esto! Ah, bueno, quizá Ale creerá que soy una Barbie..., mejor no. Pues entonces... ¡Ah, qué rabia! No puedo, no puedo elegir nada! Será mejor que lo deje. Sí. Dejaré que mi espontaneidad se luzca un poquito mañana. Me pondré lo primero que encuentre. Y le diré (si es que le digo algo) lo primero que me salga. Punto y final." Dejó su habitación patas arriba y fue al baño. Cogió su cepillo de dientes, lo mojó un poco con agua, echó la pasta con aroma a menta, y se lo introdujo en la boca. Se los cepilló dos veces. No, tres, perdón. Y luego hizo gárgaras con ese líquido azul, ése del anuncio de "la bomba en la boca", como lo llamaba su padre, para dejarla libre de "impurezas" por si... ¿En qué estaría pensando? No, Ale no iba a besarla. Debía sacar ese pensamiento de su cabeza. Se puso el camisón de noche y se estiró en su cama. Para... ¿dormir plácidamente? No. ¡Yo no dejaría que pasara tal desmadre! Debajo de su almohada yacía un pequeño papel de seda rosa, con un sueño escrito para la ocasión. Un pensamiento sobrevoló la mente de Hollie: "¿Huele a rosas? No, ¡es imposible, me estoy volviendo loca!" Sonrió de oreja a oreja en darse cuenta de lo que estaba pensando: "Loca... por él."
Y se durmió, no para descansar, sino que para soñar.

Capítulo primero.
Capítulo siguente.

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