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martes, 20 de septiembre de 2011

Enamorhada. [Cap. 8]


Hollie no se podía quitar esos ojos de la cabeza. Ya había vuelto a casa, había tenido tiempo de cenar, ducharse, ponerse el pijama y tumbarse en su cama, pero parecía que esos ojos seguían mirándola. Tenía la sensación de que estaban allí, en su habitación. Y a cada minuto que pasaba, menos segura estaba de que eran los de Ale. Los conocía, éso seguro, pero... ¿Y si se había precipitado? A lo mejor, si se hubiera fijado más... Decidió olvidarlos por el momento. Se levantó a buscar algo para beber. Intentando no hacer ruido, abrió la puerta de su habitación, bajó las escaleras sigilosamente y llegó a la cocina. Se decidió por una Coca-Cola fría, pues estaban en pleno mes de julio y hacía calor. La lata chasqueó al abrirse. Por costumbre, Hollie empezó a mover de un lado a otro el aro metálico, pronunciando las letras del abecedario cada vez que llegaba a un extremo. A, B, C, D, E... Intentaba hacerlo muy despacio, para poder acabar la primera vuelta con el aro todavía aguantado a la lata, y deseando que se desenganchara de ella al pronunciar por segunda vez la letra A. Eso significaría que alguien con un nombre que empezaba por ésa letra estaba enamorado de ella. Lo había visto hacer años atrás a varias chicas de su clase. Un día lo intentó por si misma, y terminó siendo también su pequeña manía. Entonces: L, M, N, O, P, Q... Temió lo peor. El aro no aguantaría hasta la segunda vuelta. R... y S. Se quedó con la lata llena en una mano y el aro en la otra. La verdad, tampoco tenía muchas esperanzas. Sólo le había salido la A dos veces en toda su vida. Y guardaba las dos piezas metálicas en una cajita amarilla. A veces la abría, sonreía y volvía a cerrarla. Verlas ahí la hacía feliz. ¿Cómo pueden hacerte feliz dos aros de metal? Bueno, si estás enamorad@, no te será muy difícil comprenderlo... ¿verdad?
Hollie sonrió acordándose de su cajita, y hizo el amago de tirar el aro "S" a la basura. Pero no había bolsa de plástico, pues alguien había sacado la vieja y no se había acordado de poner una nueva. Sin más remedio, volvió a recorrer la casa hasta su habitación, y guardó el nuevo aro en su cajita amarilla, que parecía estar esperándola.
Dio un sorbo a su Coca-Cola, y notó como las burbujas le hacían cosquillas en la nariz. Sonrió.

Capítulo primero.
Capítulo siguiente.

2 comentarios:

  1. Hola,
    he visto tu blogg y es genial escribes muy bien!! me gustaria que te pasaras por el mio y me dieras tu opinión:
    http://leyendobajoelcielo.blogspot.com/
    un beso!! te sigo!!
    M

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  2. me encanta tu blog:D!
    esta muy bonito^^
    te sigo:)
    un beso desde http://christinealwayshappy.blogspot.com

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